Aunque el título aluda al letrero ostentado
por el taller
del trazador
de milagros Lídio Corró, artesano establecido
en la Ladera del Tablón en la ciudad de Bahía, la novela es la historia de un amigo suyo, de nombre Pedro Arcángel, nacido el 18 de diciembre de 1868. Asistió al Liceo de Artes y Oficios, donde conoció a Lídio Corró, ocho años más viejo, pero igualados en una amistad fraterna que duraría toda la vida.
Aún muchacho pierde la madre y se embarca en un carguero
para Río de Janeiro, de donde regresa a los veintiún años de edad para no dejar más Bahía, instalándose al lado de Lídio y
su Tienda de los Milagros.
Nominado conserje de la Facultad de Medicina en 1900, publica en 1907 su primer libro, "La Vida Popular de Bahía", cuando es requerido por el catedrático Silva Virajá para ser su auxiliar, a fin de darle oportunidad para ampliar los estudios.
En 1918 lanza "Influencias Africanas en las Costumbres de Bahía" y, en 1928, "Apuntes Sobre el Mestizaje en las Familias Bahíanas", obra que le costó el empleo debido a la reacción racista liderada por el profesor Nilo d''''Ávila Argolo de Araújo.
Aún reducido a la simple condición de "pobre, pardo y paisano", publica en 1930 su último trabajo, "La Culinaria Bahíana: Orígenes y Reglas", que completa la meritoria obra versando sobre antropología, etnología y sociología, la cual, en tanto prácticamente desconocida por sus conterráneos contemporáneos, vino a ser juzgada indispensable "para la comprensión del problema de razas en el Brasil".
Según la opinión del sabio norteamericano James D. Levenson, Premio Nobel, que, en visita a Bahía, hace despertar el interés general por su persona, cuya actuación va sendo rememorada, en contrapunto con los acontecimientos actuales, en las páginas de la novela, en sus vicisitudes de vida modesta pero rica en calor humano y de muchos amores. La negra posesa Dorotea, Sabina de los Ángeles, la bella, Rosalía, la ardiente, y tantas y tantas, inclusive la finlandesa Kirsi, pariente rubia, que llevó en el vientre el fruto del amor del trópico. Pero de todas las amadas a ninguna él amó tan profundamente como a la bella negra Rosa de Oxalá, a quien sin embargo jamáis poseyó, pues era amante de Lídio, el amigo-hermano.
Con ocasión del centenario de su nacimiento, a él, hasta entonces ignorado en su tierra natal, le fueron rendidos homenajes por parte de la intelectualidad bahíana con todo el respaldo oficial.
Más de acuerdo, tal vez, con el ejemplo de su vida en las calles y laderas de Bahía, fue el homenaje prestado por una escuela de samba, la de los Hijos del Tororó, en el carnaval de 1969, en Salvador.
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